logo image

Poesía de amor y tiempo

Por Daniel Borrás

(Poesía reunida de William Butler Yeats (1865-1939), Pre-Textos)

Puede que las palabras sean mejores que nosotros. Poemas llenos de miedo a perderte: lo escrito existe porque nunca llegó a decirse y se imprime, sumando ya dos errores, siempre demasiado tarde. Siempre mal. O el resultado es superior a los hechos o se revela fuera de tiempo. Las palabras no hacen (el) al amor, dicen.


Ya, claro:

“Me decía una y otra vez que, si un hombre, un hombre sincero y desesperado como yo, ama a una mujer con todo su corazón, si es capaz de cortarse las orejas y enviárselas por correo, si es capaz de sacarse la sangre del corazón y volcarla en el papel, saturar a esa mujer con su necesidad y anhelo, asediarla eternamente, no puede ser que ella lo rechace. El hombre más feo, más débil, el hombre más indigno ha de triunfar por fuerza, si está dispuesto a dar hasta la última gota de su sangre. Ninguna mujer puede rechazar el don del amor absoluto” (Henry Miller)

El beso por escrito mancha y empapa. Pero no cualquier beso. Escribir que recuerdas lo pequeña que era su ropa al doblarla sobre la cama (¡Ocupábamos tan poco espacio al abrazarnos!, cantan en la ópera Manon) duele cuatrocientos millones de veces más que ochenta lunas reflejadas en mares de cobre. Y ahí, sí, las palabras ganan la partida, ¿verdad William?

Era más bella que cualquiera,

no obstante su cuerpo tenía una mancha;

sus manos pequeñas no eran bellas,

y temo que has de correr

y las hundirás hasta la muñeca

en ese lago misterioso, siempre rebosante

donde todos los que cumplieron la ley sacra

se hunden y resurgen perfectos. Deja intactas

las manos que besé,

por bien del viejo bien.

9788492913466

La poesía de William Butler Yeats (1865-1939) deslumbra por la clarividencia de su madurez (qué bien refleja el paso del tiempo, su resistencia a envejecer); su compromiso con la historia y el presente histórico de su país en momentos de gran turbulencia (Levantamiento de Pascua de 1916, la Guerra Civil irlandesa); y, también, por sus grandes poemas amorosos. Grandísimos poemas amorosos de amantes viejos, recuerdos de bocas y vinos y belleza olvidada. Cuentos de amor tejidos con hebras de seda.

La editorial Pre-Textos publicó la Poesía reunida de Yeats, primera visión global traducida al español. Su responsable, Antonio Rivero, ha estado 15 años trabajando a fuego lento, intentando «dar con el tono, la voz, en los múltiples registros que emplea Yeats», afirma. «No es lo mismo traducir las baladas de inspiración popular que los oscuros poemas reflexivos, o aquellos que reflejan sus ideas sobre los ciclos cósmicos y lo visionario».

Yeats emplea un lenguaje complejo, un juego de máscaras tras las que se oculta. Rivero compara al autor con Pessoa, que también tuvo sus escarceos con la Orden de la Aurora Dorada y se vio atraído por las doctrinas esotéricas. «El problema de Yeats es que con el tiempo su mitología se fue haciendo personal e intransferible. Y aunque no siempre sea inteligible, siempre posee la belleza del misterio”. En poesía, no basta trasladar el sentido, ni siquiera en un poema narrativo. Lo dijo Antonio Machado: Canto y cuento es la poesía.

Y un montón de cuentas pendientes entre lo que no somos capaces de decir y las cosas que ella nunca quisiera escuchar. Después de todo, hay quien dijo que la palabra fue dada al hombre para ocultar su pensamiento. Añado, el silencio lo revela.

El vino entra en la boca

Y el amor entra en los ojos;

Esto es todo lo que en verdad conocemos

Antes de envejecer y morir.

Así llevo el vaso a mi boca,

Y te miro, y suspiro.

Comentarios cerrados.