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Agotadora adolescencia

(Algún día este dolor te será útil, Peter Cameron, Libros del Asteroide, 246 págs)

Más allá del manido espejismo del título, propio de un manual de autoayuda y no de una novela sencilla y tierna, como es el caso, Algún día este dolor te será útil se devora en pocas horas para permanecer algunos meses; algunos años quizás.

El reputado Peter Cameron recrea el sufrimiento de la adolescencia a través de James Sverk, un chico solitario, sensible y caprichoso, en el que cualquier lector puede intuir los rasgos propios de esa etapa agotadora de nuestra vida.

Hijo de padres separados, una mujer tridivorciada y propietaria de una galería de arte y un ejecutivo que se pregunta si su hijo es homosexual porque prefiere comer espaghetti a un buen filete, el joven James se siente (porque lo es) un incomprendido sin pretensiones de asimilación en la tribu, ni vocación de seguir a pie juntillas el camino trazado por una familia desestructurada de clase media-alta americana: ir a la Universidad, salir con alguna chica, labrarse un buen futuro, etecé.

El viaje de la vida, Thomas Cole

Muy al contrario, James Sverk prefiere la compañía de su perro Miró a la de los chicos de su edad y, además de ayudar a su madre en la galería, quizá imbuido por ese micromundo de sensibilidad artística, no tiene más afición y más sueño que el de buscar en internet una casa en medio de la nada, en Kansas o Dakota, para dedicarse a… leer y leer.

La difícil o imposible comunicación con sus padres, perfectamente perceptible en las conversaciones que mantiene con ellos a propósito de su titubeante futuro; su cerco nada cómodo de soledad, cuyo clímax se produce en el curso de unas jornadas de convivencia para jóvenes; y la tierna relación que mantiene con su abuela, la paciente y encantadora Nanette, recrean a la perfección ese espacio inevitable de la vida, en tierra de nadie, donde cualquier sentimiento arrebata hasta el cansancio, la náusea y, años después, la risa cuando no la vergüenza. Imposible, repito, no identificarse tanto con el inadaptado y sensible James como con los consejos y reconvenciones -¿cómo aconsejar?— de los padres del muchacho; “tan desdichado que quería morir” (pag.143).

Quizá por la duda de sus padres sobre la sexualidad de su hijo, quizá por azar, James hiere a un compañero de trabajo homosexual. Este episodio y su huida (previsible) de las jornadas en que un día se ve embarcado (El aula norteamericana) decidirán a su familia a llevar al chico a una psiquiatra. Las inteligentes conversaciones entre el joven James y la doctora Adler terminan de perfilar la entrañable composición de Algún día este dolor será útil.

Fácil y rápida lectura, abundantes y ágiles diálogos, pocas páginas, la última novela de Peter Cameron es, sencillamente, deliciosa.

Algún día…

Me quedo con algunas frases de la abuela, más por bienintencionadas que por acertadas: “…Tener malas experiencias a veces es una ayuda… Sé que esto parece demasiado optimista, pero es cierto. Quienes sólo han tenido buenas experiencias no son muy interesantes. Puede que estén contentos y sean felices de alguna manera, pero son superficiales… Tienes que ver las malas rachas como un regalo… un regalo cruel, pero regalo a fin de cuentas” (pág. 227).

 

 

No creo que el dolor sea útil. Ni mucho menos que fortalezca. Si acaso engorda, o adelgaza, o alcoholiza, o te condena a una penitencia de duermevelas e inseguridades algunos meses o de por vida, según gestionen el cerebro y el alma las calamidades. Más aún, creo que hay una capacidad de dolor emocional, un límite, a partir de la cual el sujeto decae y se descompone hasta un día recordar: “Este es el hombre”. Pero también creo que Algún día todo este dolor te será útil es una novela hermosa. Y que ojalá todos tuviéramos una casa en medio de la nada, en Dakota o en Kansas (mejor en Almería), donde dedicarnos a leer y leer.

P.D: En la imagen principal uno de los cuatro pequeños cuadros de El Viaje de la vida, de Thomas Cole, que tato impresionaron a James Sverk.

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