logo image

Besos como balas

Los peritos fueron concluyentes: en tus labios había rastros de plomo, bario y antimonio. Por eso fue que salí del sanatorio y recobré en un sólo día la libertad y la confianza injustamente arrebatadas. Por eso los amigos vuelven a llamarme por teléfono y me llevan a la playa, donde no existen muros que interpongan la obscenidad coloreada de sus murales terapéuticos a la inmensidad abrazada por el sol.

No obstante, después de tanto tiempo -doce años, creo- nada es lo mismo. Muchos me siguen creyendo un criminal o en el mejor de los casos un enfermo. Los vecinos rehúyen la amabilidad de mis palabras y evitan subir conmigo en ascensor. Los niños en la calle me señalan con ojos redondos. Todo ha cambiado entonces, aunque soy libre, aunque los peritos confirmaron que en tus labios había rastros de proyectil.

images-4

Besos como balas, dije. Y me encerraron como a un loco en aquel horrible lugar donde era imposible encontrarte, donde los días pasaban repetidos, donde había que pintar estúpidos murales todo el tiempo pero estaba prohibido escribir tu nombre en la pared. Yo miraba siempre aquel pedazo de cielo cuadrado y me acordaba de ti; y sonreía porque ellos no podían quitarme tu recuerdo como me quitaban los pinceles y las ceras cuando escribía Di Vagio en la pared.

Lo intentaron, es cierto. Pero ni los fármacos pesados como piedras ni el sopor infinito de la electroterapia y las inyecciones de litio lograron apartarte de mi pensamiento. Llegué a olvidar mi nombre y el nombre de las personas que lloraban sentados frente a mí cuando venían las visitas los domingos, pero siempre estabas, Di Vagio, en mi cabeza. Y detrás de tus iniciales unos ojos, una voz, un olor, un rostro… Entonces, para que no pudieran verme, introducía mi mano derecha en el bolsillo del pijama azul y escribía tu nombre con el dedo índice con tierna y amorosa caligrafía. ¡Eres tan bonita!

Me amabas, sonreías, me abrazabas… Besos como balas, dije. Y te apartaron de mi vida para siempre sin escuchar un minuto a mi abogado, que se desgañitaba exigiendo al tribunal que considerara los informes periciales mientras la policía lo sacaba a empujones de la sala y el juez golpeaba iracundo el martillito de la justicia. No fue un juicio justo. En tus labios había rastros de plomo, bario y antinomio, confirmaron los peritos; y han pasado doce años, creo. Pero todo me da igual. Sé que nunca más volveré a sentir tu sonrisa tan perfecta apuntándome directamente a la cara. Nunca más yaceré abatido por la explosión de tu boca, ni saborearé ya más tus labios de metralla. Besos como balas. Lo recuerdo muy bien. Nos besábamos con fruición de hambrientos y sonó un disparo. Quedaste tumbada boca arriba con la sonrisa más dulce del mundo. Han pasado doce años, creo.

@MarianoGasparet 2013 Prohibido reproducir sin permiso del autor

Comentarios cerrados.