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Dos tipos de hombres

Hay dos tipos de hombres, los hay perros y gatos.

Cuídate muy mucho de convertirte en un perro o
acabarás amando a tu dueño o moviendo la cola
mientras subes al cadalso, lamiendo las
manos del veterinario, su delantal verde,
los pelos de los ajusticiados que te precedieron
en el engaño.

Qué más decir de los perros,
en el fondo son tontos, gregarios, brutos,
sumisos y despreciables. Pero bellos.
Olvídate de sueños licántropos,
el perro es un animal comestible.

Leo esperando a su padre, Miguel

Ser gato –entonces- no sería una mala elección
si la sangre y los ojos se eligieran.
Es un acto de fe querer abstraerse
de la genética o encomendarse a
una buena formación, buenos hábitos,
porque destino no es carácter ni tesón
sino química y azar.
De ahí
la importancia de los accidentes de
tráfico, de los infartos cerebrales.
No se elige ser felino.
Tampoco la paz de un ictus .

Los gatos sestean en el halda
–enumero algunas cualidades-
maúllan con dulzura un cuenco
de leche y no dejan ni los huesos
de nuestra ternura, de nuestro amor.
Ronronean mientras abrillantan
sus zarpas. Se lavan las manos

tras devorar ufanos su camada.

¡Menudos son los gatos de osados,
de desmemoriados cuando quieren!
No les detiene la noche ni los
más altos tejados.
Se desplazan
con determinación. No dudan cuál
debe ser su camino. No dudan
ni se arrepienten de nada,
ni sufren mal de amores
los gatos
no pierden el tiempo en deprimirse.
Son muy suyos, duermen, fornican y
cazan. No rinden cuentas a nadie.

Diálogo

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