logo image

El primer Galdós

Por Jesús Segarra Sobral
(La Fontana de oro, 1870, Benito Pérez Galdós)

Benito Pérez Galdós llegó a Madrid de Canarias natal en 1867 para cursar derecho, carrera
que abandonaría para dedicarse a la literatura. En 1870 escribió, casi seguidas, sus dos
primeras novelas: La sombra y La fontana de oro. Esta última, por su contenido histórico,
podría considerarse precursora de los episodios nacionales. Tenía entonces Galdós 27
años y enclavó su novela al final del trienio constitucional, también llamado liberal; un
paréntesis de tres convulsos años (1820-1823) en que los liberales españoles forzaron al
Rey Fernando VII a tragarse la constitución de 1812, la famosa Pepa, y practicaron una
democracia restringida entre cuarteladas, la mala fe del Borbón y la amenaza de una
reacción absolutista Europea que acabaría por materializarse en la expedición militar de los
Cien Mil Hijos de San Luis.

La trama se desarrolla en Madrid durante el periodo que sigue a la destitución del héroe
liberal Rafael Riego como Capitán General de Zaragoza. Es este un periodo de gran
tensión política, polarizada en tres ejes: las conspiraciones realistas, el descontento de los
radicales por las tibias medidas llevadas a cabo por el gobierno moderado y el miedo de los
moderados a verse desbordados por los dos extremos. El hilo conductor son las vicisitudes
de una docena de personajes vinculados, directa o indirectamente, a la taberna matritense
La fontana de oro, a la sazón sede de un club político radical (“el más célebre y afamado de
la época”) que se va radicalizar más y más conforme avanza la novela.

Es una obra primeriza que peca de excesivo circunloquio y adjetivación, muy a la boga en
su tiempo. Igualmente hay una gran dosis de ideología principalmente anticlerical, antirealista y anti-fernandina y los personajes que personifican estas ideologías están muy cerca de la caricatura. Con todo, Galdós muestra sin ambages su oficio como creador de personajes y situaciones, además de una virulento humor sarcástico que se atenuaría con la edad.

images-4

No hay un solo personaje principal pero la heroína –pasiva- es sin duda Clara. Una bella y
pobre huérfana que vive bajo la tiranía de su protector, Don Elías, el Coletilla; un furibundo
y atrabiliario realista que conspira, con dinero de Fernando VII, para traer de vuelta el
absolutismo fomentado el desorden creado por los jóvenes radicales democráticos. A
casa del Coletilla va para instalarse su sobrino Lázaro, liberal de provincias joven e
idealista que tiene amores secretos con Clara. La bella huérfana tiene otro pretendiente,
no solicitado pero incansable, en el apuesto militar Claudio Bozmediano. Hijo de un famoso
político moderado, Claudio es comandante de la Milicia Nacional. Don Juan pero noble y
caballeresco; el militar anda mezclados en intriga políticas. No menos importantes son las
tres beatonas Porreño o el taimado ex-abate don Gil Carrascosa “más sutil que el aire” y
grandísimo e interesado enredador.

Además el libro está preñado de memorables personajes secundarios resueltos en unos
cuantos trazos magistrales (el barbero radical Gaspar Callejas, Pascuala la guapetona; el
Doctrino
, estudiante conspirador y gorrón…) Con todo, las mejores descripciones (también
las más cercanas a una caricatura) son las de los enemigos de Galdós: el realista Elías,
el Coletilla, las tres beatonas Porriño, que representan el hastío de vivir y el ex-abate
Carrascosa.

“Estos tres ángeles caídos llevaban una vida monótona y triste. Su casa era la casa del
fastidio. Parecía que las tres se fastidiaban de la tres, y cada una de las demás” (…)
“Concluyamos: la más inalterable armonía reinaba aparentemente entre ellas. Parecían no
tener más que un pensamiento y voluntad. La unción de Paulita se comunicaba a las otras
dos, y la misantropía amarga de Salomé se repetía igualmente en las demás. La alegría, el
dolor, las alteraciones de la pasión y del sentimiento no se conocían en aquella región del
fastidio. La unidad de aquella trinidad era un misterio. En los momentos normales de la vida,
las tres no eran más que una: lo antiguo manifestado en un triángulo equilátero: el hastío
representado en tres modos distintos, pero uno en esencia.”

La novela tiene sus buenas dosis de personajes históricos, ideología, conspiraciones
políticas y tumultos callejeros que traban el armazón histórico y temporal de la acción. Sin
embargo el gran acierto de Galdós consiste en engarzar dentro de este cuadro histórico la
vida cotidiana de personajes anónimos, y en ocasiones anodinos, pero siempre curiosos y
entretenidos.

image001

Estos personajes se sienten empujados por los acontecimientos y sus pequeñas aventuras
(las veladas de los estudiantes radicales y pobretones amigos de Lázaro, sus infortunios
como orador en La Fontana, los cambios de humor inexplicables de su tío el Coletilla, la
actitud injusta del mismo Coletilla y las beatonas Porreño con la pobre Clara, los amores,
desamores y trifulcas de los dos pretendientes…) son una fuente de deleite y la mayor
mordiente a seguir leyendo. Baste señalar el episodio de la procesión de santos a las que
asisten las Porreño acompañadas a la fuerza del radical Lázaro. Un hecho tan aburrido
acaba convirtiéndose en un enredo divertidísimo y cargado de emoción.

La novela está plagada de enredos y giros inesperados consecuencia natural de la relación
de personajes forzados por las circunstancias a tratarse mal que les pese. Son personajes,
en gran medida arquetipos, que viven en distintas esferas y que siendo como agua y
aceite, no tiene más remedio que andar revueltos a la fuerza. Los diálogos aunque oscuros
resultan muy sabrosos y los comentarios del autor omnisciente entre líneas ayudan la
lectura.

En resumen, el debut de un genio de la literatura, donde los rasgos literarios del autor están
todos ahí pero sin pulir. Entre trágalas, caceroladas, espadones, procesiones, ayunos,
abucheos y discursos floridos, encontramos en ciernes lo mejor de Galdós. Esto es, su
excelente y económica caracterización de extensa galería de personajes, la precisión en
la adjetivación, su amable humanidad, los diálogos sabrosos y apropiados, el humor y la
trama en varios niveles entre varios personajes.

Comentarios cerrados.