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La guerra de Biafra, espejo de África

Por Jesús Segarra

(There Was a Country: A Personal History of Biafra, Chinua Achebe, Penguin, 2012)

Chinua Achebe (1930-2013) fue un gran escritor Nigeriano en lengua inglesa. Tocó todo los géneros con talento y en mi opinión escribió una obra maestra “Things falling apart”. Una novela corta que ofrece la perspectiva indígena del colonialismo europeo. Achebe murió a los 83 años el marzo del 2013 y quiso dejar un testamento intelectual sobre el
suceso más traumático de su vida: la guerra de Biafra (1967 –1970), también conocida como la guerra civil de Nigeria. Achebe pertenecía a la minoría Igbo que sufrió una persecución que algunos califican como genocida. El escritor nigeriano analiza en profundidad las causas, desarrollo y consecuencias de la guerra. Achebe busca las raíces del conflicto en el proceso independencia, las relaciones intertribales pre y post coloniales, la corrupción, la falta de tradición democrática y la pobreza. Pese a su partidismo declarado, el suyo es un intento honesto para encontrar las causas y no culpas, a fin de aprender las lecciones de la historia para evitar que la barbarie se repita.

A los que desconozcan o hayan olvidado de la guerra de Biafra les resumo los hechos. Cuando en 1960 Nigeria consiguió la independencia de Gran Bretaña tenía una población de 60 millones pertenecientes a 300 grupos étnicos y culturales. Las elecciones estuvieron amañadas por lo que los sucesivos gobiernos no tuvieron demasiada legitimidad y apoyo popular. El 15 de enero de 1966, un grupo de oficiales, en su mayoría de la tribu Igbo, dieron un golpe de estado supuestamente para combatir la corrupción política y el fraude electoral. Los golpistas ejecutaron a varios políticos del norte musulmán mientras la prensa del sur aplaudía las ejecuciones. El 29 de julio del 1966, soldados norteños musulmanes dan un contragolpe, fusilan a decenas de oficiales Igbo e instalan en el poder al teniente coronel Yakubu Gowon, también norteño pero cristiano. Estos sucesos quiebran el, ya de por sí, difícil equilibrio interétnico. En el note de país, la minoría Igbos cristiana sirve de chivo expiatorio y entre 30 a 60 mil Igbos son masacrados. El gobierno militar y político del sureste del país sigue dominado por los Igbos. El 30 de mayo de 1967 el parlamento local, alegando las matanzas y el fraude electoral, declara la independencia de Nigeria y constituye la efímera Republica de Biafra. A partir de ese momento se desata un infierno que costará 3 millones de vidas y dejará Biafra en ruinas.

La mirada de África

La mirada de África

La guerra de Biafra espeluznó a la opinión pública mundial, puesto que el gobierno central decidió rendir por hambre a los sediciosos. Por su parte los dirigentes rebeldes dejaron pasar por alto varias oportunidades de firmar un armisticio, bajo la falsa premisa de que los gobiernos occidentales les asistirían. La mayoría de muertos fueron biafreños civiles que murieron de hambre o por falta de cuidados básicos.

Pero la guerra tuvo una dimensión aun mayor y que todavía sigue vigente. En el crespúsculo del colonialismo, Nigeria era la gran esperanza de África. Era el país que los intelectuales africanos señalaban como el potencial motor del cambio a nivel continental. Para Achebe y muchos otros intelectuales africanos, la guerra truncó la esperanza de desarrollo y democracia en África. Esa esperanza sigue rota hasta la fecha.

Achebe considera que los británicos “gobernaban con bastante cuidado. Tenían un cuadro de gobernantes muy competentes. Tenían experiencia de gobernar y hacerlo competentemente. Lo que no justifica el colonialismo.”

Con todo no olvida que los británicos amañaron las primeras elecciones en favor del candidato que más favorecía sus intereses. Pero no vale acusar a los británicos de todo, para Achebe el detonante del declive de Nigeria y África ha sido la corrupción. Este párrafo resume la enorme capacidad de resumen y análisis de Achebe:

“A los 6 años de la trágica manipulación (electoral) colonial Nigeria era un vivero de corrupción y desorden. Los funcionarios robaban con impunidad la riqueza nacional. Las elecciones se amañaban sin ningún pudor. (…) Jueces y magistrados eran peones en manos de los intereses de las multinacionales y grupos económicos. (…) “La enfermedad de Nigeria era la corrupción política. La estructura del país era tal que abocaba la lucha por el poder entre los distintos grupos étnicos, por supuesto una vez en el poder nadie quería dejarlo. La manera más sencilla de mantener el poder, incluso en una esfera pequeña, es apelar a los sentimientos tribales, que fuero explotados hasta la saciedad en los 50 y los 60.”

Siembra vientos…

Achebe repasa en su libro la actitud de las grandes potencias y de otros países africanos ante la guerra, también los intereses económicos, el papel de los intelectuales en la sociedad, el post-colonialismo y un largo etcétera. Lo sorprendente es su empatía con sus entonces enemigos, la falta de rencor, sus ganas de enterrar el pasado pero no sus lecciones. El dolor por la brutalidad y la esperanza perdida y que se sigue perdiendo cada día en África son lacerantes. En fin, un testamento intelectual enorme que trasciende fronteras y del que podemos aprender todos.

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