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La primera detención de Macanor

por M. Gasparet

(En el viaje de fin de curso de 1984 Macanor y sus amigos Esteban, Carlos, Javier y Mateo fueron detenidos en un campamento de verano en Santander por destrozar un bar y acosar a unas compañeras de campamento. Los propietarios del bar y las familias de las chiquillas interpusieron una denuncia y los tutores del Maca hubieron de hilar fino para escapar del entuerto. Los muchachos habían cumplido catorce; trece Macanor).

Los chicos han tomado demasiada sal en las comidas y eso les quita el sueño y les hace sedientos, inquietos y puede que irascibles. Si hay un barril de cerveza y son pocas las horas es suficiente para que suceda un alboroto. Beben como náufragos, como leva de Annual, como neuróticos en verano, como conquistadores del Oktoberfest… Tengan en cuenta que desconocen la prudencia de los beduinos, no son musulmanes sino católicos, y provienen de una ciudad con agua corriente y fuentes en los parques y alamedas donde se avituallan a su antojo. Luego está su físico. No son chicos delgados: su voracidad natural incrementa el consumo de alimentos, y de sal, con lo que ello conlleva. Y hablemos claro: sus estómagos y vejigas constituyen, en proporciones, la cima de su carne. Hay quien pudiera llamarlos gordezuelos o como dicen ustedes animales, yo los veo solamente grandes. Por comodidad o abandono no terminan nunca de vestirse, de abrocharse: de ahí los orines, o las sospechas de escándalo público a que se refieren las muchachas. Los chicos son jóvenes y, aun bien educados, se conducen como cachorros movidos más por la avidez, desconocen la ambición, que por una consciencia de sus límites. ¡Que quieren que les diga! Donde ustedes pueden ver cerebros de simios avanzados sobre barrigas de bueyes, yo sólo veo a muchachos sanos y voraces. No les extrañe, pues, que si sólo han comido, como dicen, salazones, pulpo y sardinas de bota, con entremeses de pipas y altramuces, ansíen naturalmente unos barriles. No pretendo disculparles cuando al bailar, por ejemplo, si están contentos o algo ebrios, se arremangan las camisetas sobre las barrigas y chillan. Otra cosa es el acento, que les hace parecer fieros. La gente no acostumbrada se asombra porque suelen empalmar palabras, ensamblar frases y desconocen las eses o los participios de la fonética académica, que aún no ha reparado en la riqueza gutural de las vocales septentrionales. Pero he de decir esto porque conozco a los muchachos y mantengo, lo prometo, se lo juro, que son buenos. De los mellizos, Esteban y Carlos, no hace fala que recuerde sus notas o la naturalidad con que madrugan, ustedes han sido testigos. De Javier y Mateo, menos formados, basta recordar el mimo con que han cuidado las siembras y las bestias, o cómo han ordenado el rancho y preparado sus petates, para concluir que son rectos. De Macanor, sin embargo, tan sólo puedo decirles que proviene de una familia muy conocida y que, aunque es amigo del escándalo, es inquieto e insomne, tiene buenos sentimientos, le gusta compartir y no es impaciente en sus necesidades.

Paul Schutzer, Exhibición en una piscina, Italia, 1963

Paul Schutzer, Exhibición en una piscina, Italia, 1963

De una parte tenemos un autobús escolar parado al solano de julio porque unos críos se fueron sin pagar unas cervezas y voltearon mesas y taburetes en una excursión del colegio, amén de unas niñas que se sienten, es su legítima opinión, vejadas. De otra, la naturaleza de las cosas con sus imperfecciones, y a unos muchachos de pueblo que en diez días de campamento han sido inconvenientemente alimentados y con acceso inmoderado a cerveza fresca, acorralados por vallas metálicas y mezclados con chicas en ropa de baño en una piscina minúscula.
Si se empeñan, si no llegamos a un acuerdo o las muchachas insisten en sus acusaciones y no relajamos la tensión de los padres, esto va a ser, además de un escándalo, una incomodidad para todos: piensen tan sólo en la logística. Propongo, y sólo es una propuesta y una mano tendida para que vean que nuestra intención no es salir huyendo hacia Almería sino calmar ánimos y medir sin excitaciones innecesarias cuanto aquí ha sucedido para reponer cuanto fuera necesario, que nos dejen continuar el viaje, que son muchos los chicos y cansados, y que se queden como testigo a Macanor mientras, entre todos, en unos días, aquí está el teléfono de la escuela y el mío propio, procuramos un ambiente propicio a un arreglo prudente. El chico, ya lo hemos hablado con él, está de acuerdo. En pocos días todo estará solucionado. Tan sólo un consejo, tengan mientras tanto cuidado con el sodio y manténgale alejado del grifo y la piscina. En el fondo es buen muchacho.

(Después de seis días en estrecha vigilancia aunque fácilmente eludible por las noches, y más porque los teléfonos cruzados eran falsos que porque los padres afrentados desistieran de su causa, aquella gente empaquetó a Macanor en un autobús de línea y todo aquello pasó inadvertido y sin consecuencias para todos menos para él mismo. Después de seis días en estrecha vigilancia y una jornada entera de viaje, Macanor fue recibido en el instituto como un héroe. Aún recuerda con deleite aquellas fiestas en Santander, la placidez del cautiverio a la espera de una promesa de carne, aquel campamento donde, por primera vez, conoció la fricción de unos muslos que se entregan y huyen, y el sabor reparador de la cerveza y las colillas).

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