logo image

Las llamadas del cartero

Por Jesús Segarra Sobral

(El cartero siempre llama dos veces, James M. Cain, 1934, Orion Book, 116 páginas)

A estas alturas, tras seis versiones cinematográficas, imagino que no desvelaré ningún secreto contando la trama de la excitante novela de Cain. Frank Chambers, un atractivo buscavidas acepta un trabajo en un restaurante -gasolinera en una carretera anónima de California. El local está regentado por un griego, Nick Papadakis, ex combatiente de la Segunda Guerra Mundial, trabajador, buena persona e ingenuo. Su mujer Cora, sin ser guapa es un animal hermoso y cargado de erotismo.

Frank y Cora sienten una invencible atracción física que culmina en una tórrida historia de amor. Al poco tiempo deciden asesinar a Nick. Su primer intento es un fiasco y Frank huye pero, el destino o la atracción fatal que sobre él ejerce Cora le hacen volver. En su segundo intento, los amantes no fallarán pero el crimen trae su propia condena.

La historia está basada en un caso real. La novela provocó un escándalo en su tiempo, incluso fue censurada en Boston, por el tratamiento del tema del adulterio y el homicidio y sus explicitas descripciones sexuales.
Antes de publicar esta novela, James M. Cain (1892 – 1977) trabajó como cantante, vendedor de seguros, periodista de sucesos para tabloides y guionista –de relativo éxito- de Hollywood. Leyendo la novela es fácil imaginar que ha sido escrita como una serie de escenas pensadas para ser filmadas. La primera frase de la novela, ejemplifica el estilo conciso y directo de Cain. ‘Me echaron del remolque de heno cerca del mediodía’.

En una sola frase retrata al narrador-protagonista: un vagabundo sin oficio ni beneficio que busca acomodo como mejor puede. Está contada en primera persona por Frank Chamber mientras espera su ejecución en una celda. La novela tiene 116 páginas y se puede leer fácilmente de un tirón. Pese a su brevedad no carece de intriga y profundidad.

Jessica Lange

Jessica Lange

Su cortedad se debe al acierto de Cain de contar exclusivamente la historia de amor y crimen y nada más. No hay psicología o digresiones innecesarias, ni investigación policial, ni más descripción que la que ayuda a entender la historia. La descripción de la cafetería, Twin Oaks Tavern, epicentro del terremoto de crimen y deseo, la despacha Cain en pocas palabras: ‘Era tan solo una garito de carretera como millones más en California. Había un comedor; encima, la casa donde vivían; al lado la gasolinera y detrás media docena de barracas que ellos llamaban servicio de autos.’

Los personajes se retratan así mismos mediante rápidos diálogos mientras que la mejor descripción física, la de Cora, no podría ser más escueta ni expresiva: ‘Con excepción de su figura, no era una belleza despampanante, tenía una expresión enfurruñada y sus labios sobresalían de tal forma que daban ganas de morderlos’

La presentación del trío principal, sus relaciones y el lugar de la tragedia quedan resueltos en las primeras tres páginas. A pesar de su estilo indudablemente roman noir y negro ¿es el cartero una novela policiaca? Yo
diría que es una novela negra y decididamente roman noir* pero no policiaca. El propio Cain, que desdeñaba los encasillamientos, decía que él escribía historias de amor.

Ciertamente, la novela carece de los rasgos típicos de la novela policiaca: no hay ningún misterio, puesto que desde el primer capítulo se ve venir el drama. Tampoco hay investigación, ni giros inesperados, ni galería de personajes que compliquen la trama. Es un crimen instigado por la pasión animal y la codicia de los perpetradores; simple y llanamente. El mérito de Cain consiste en mantener el suspense y en hacer creíble una historia que se intuye desde las primeras páginas.

James M. Cain

James M. Cain

Tampoco los dos protagonistas son criminales al uso. Son perdedores comunes y corrientes que acicateados la codicia y el deseo quieren quitarse de en medio al marido que les estorba. Cora, se había casado con el griego desesperada de conseguir una posición mediocre pero segura. Es codiciosa y se siente justificada en su derecho en ser propietaria de los bienes del ‘grasiento griego’ por el que siente repugnancia y con el que nunca tendrá hijos. Hastío, repugnancia, racismo, atracción y codicia son los motivos de Cora.

Frank nunca especifica los suyos, más allá dejar translucir la fascinación sexual que le produce Cora y el inmediato disfrute del dinero. Es un hedonista amoral y vive el momento. No sabe planear para el futuro pero sí elucidar cómo quitarse al griego de en medio sin dejar pruebas. La tenue simpatía que le despierta Nick, no le quita el sueño, de momento.El suspense y ambiente roman noir emplazan esta novela en el género negro. Pero a mi juicio la
reivindicación de Cain sobre la historia de amor está plenamente justificada.

La tormentosa relación de Frank y Cora conoce varias fases. La atracción física es evidente. En su primer encuentro a solas, Frank le muerde la boca a Cora y se la sube chorreando de sangre al lecho conyugal para poseerla. Con todo, el punto culminante de esta atracción física es la escena inmortalizada por Lara Turner (1946) donde, una vez asesinado Nick, al lado de cadáver, Cora le pide a Frank: ‘Tómame, tómame’*

‘La tomé. Le manoseé la blusa y se la desgarré. Ella estaba toda abierta, desde la garganta hasta el ombligo.’

Luego sigue una descripción, corta pero explicita, de cómo hacen el amor a riego de ser descubiertos, mientras esperan que los rescaten del fondo del barranco. Esa noche en que ‘el diablo se cobró su buena noche de trabajo’ es el clímax de la primera fase de su relación que se podría definir como instintiva o primaria. No por ello deja de ser amor, aunque sea un amor cargado de sexualidad depravada y sádica.

Del lugar del accidente, los amantes son llevados al hospital y luego al juzgado. Asustado por el fiscal Sackett, Frank traiciona a Cora, quien por despecho le paga con la misma moneda. Al final gracias por a la astucia del abogado Katz se salvan contra todo pronóstico y Cora hereda el café y el dinero del griego. El fiscal Sackett se sabe estafado. No aparecerá el fiscal más que brevemente al final para condenar a Frank pero su sombra es larga. Viene a presentar para los amantes la conciencia de su crimen y la amenaza del castigo, a la vez que su presencia es un arma arrojadiza más entre ellos.

Una vez en libertad, la relación deriva en una relación de celos, miedo y desconfianza. El armazón de la pareja es la conciencia de su crimen. La atracción sexual aderezada por el alcohol sigue allí pero no la química anterior.

‘Estuvimos en lo alto de la montaña. Subimos muy alto Frank. Alcanzamos el cielo aquella noche. Jamás pensé que se pudiera sentir algo parecido. Nos besamos y sellamos aquello para siempre; iba a durar siempre, pasase lo que pasase. Que más podíamos esperar. Pero caímos. Primero tú y luego yo, esto nos deja parejos. Caímos juntos. Ya no estamos arriba. Nuestra hermosa montaña ha desaparecido.’ dice Cora.

‘El amor cuando viene del odio no es amor, es odio’ le dice Frank a Cora en otro ocasión.

Los amantes esperan distintas cosas de la vida. Frank quiere volver a la carretera, ella quiere afianzar su posición; seguir con el negocio, cada vez más próspero bajo su gestión. Al final Frank huye por segunda vez con una domadora de pumas nicaragüenses. Sin duda este personaje no tenía por qué ser tan rebuscado. Pero Frank no puede vivir sin su relación de amor/odio, sexo y alcohol y vuelve a Cora.

La pareja se une de nuevo frente a las amenazas de chantaje de un ex-colaborador del abogado Katz. La conciencia del peligro los une pero ambos saben que el otro planea su muerte. Separarse no es una solución, la vida juntos un infierno. Cora es perversa y calculadora, Frank es amoral aunque poco a poco su mala conciencia le va haciendo estragos.

Cora queda embarazada y ve en ello una oportunidad de reconciliación y redención. ‘Quitamos una vida y devolvemos otra’ le dice a Frank. Es su oportunidad de oro para redimir su crimen, dejar atrás el infierno que han creado, casarse y rehacer sus vidas. Pero antes Cora se ofrece plenamente a Frank. Antes de casarse, irán a bañarse juntos de nuevo, como cuando vivía el griego. Cora que apenas sabe nadar, le pide a Frank que la lleve dentro y decida lo que quiere hacer. A estas alturas, el miedo, el odio y los remordimientos han hecho mella en Frank. Durante el baño, Cora siente que tiene una pérdida del óvulo y Frank la saca en brazos a la orilla. Juntos cogen el coche y Frank conduce a toda velocidad al hospital. Nunca llegarán. Sufren un accidente y Cora muere.

images

Frank es acusado de asesinato de nuevo por el fiscal Sackett y esta vez la astucia de Katz no logra salvarlo. Irónicamente paga por un crimen que no ha cometido. Con todo, el dolor de la pérdida y el castigo lo redimen; al igual que la conciencia de la maternidad y la ofrenda propia la ha redimido a ella. Les espera encontrarse en el cielo o en el infierno.

El círculo de su tormentosa relación se cierra y al aturdido lector le queda una duda. ¿Por qué la novela se llama “El cartero siempre llama dos veces”? A fin de cuentas, no hay ningún cartero, ninguna alusión al título en el texto o los diálogos. Sin embargo, éste es sin duda uno de los títulos más sugerentes y de mayor arraigo de la literatura contemporánea.

Cain fue tan escueto como acostumbraba a este respecto. Nunca explico el porqué. Su silencio y el tremendo éxito del título –más allá de la obra- ha dado pie a todo tipo de especulaciones. Puesto que es gratis, ahí va la mía. El diablo (el cartero) les tienta dos veces para cometer asesinato. Dios (el cartero) les da dos ocasiones de redimirse, la primera cuando el asesinato fallido, la segunda ya como criminales pagado su crimen.

*Roman noir es un subgénero dentro de la novela negra que ha diferencia de la novela negra al uso
el protagonista no es el detective sino la víctima, un sospechoso o el criminal. En cualquier caso el protagonista tiene trazos autodestructivos.

**En realidad el original en inglés es Rip me! que se podría traducir como desgarrar, cortar.

Comentarios cerrados.