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Las niñas borrachas

Son tan delgadas que encogen los
hombros si apuran la copa
bajo un estrado de música y luces.

Son tan tiernas y torpes
que te las comerías crudas
después de acunarlas.

Pasean con el novio y no entienden.
Son tan bellas que no entienden.
Sonríen y encienden un cigarro
como quien inicia una levitación
sobre las aguas porque no hay Mar Rojo
ni dique ni selva capaz de contener
la levedad de sus faldas.

Jan Saudek

Jan Saudek

Creen quizá que una manta estrellada
de humo las protege. Son tan jóvenes
que beben porquería sólo apta
para estómagos nuevos:
licores de hierbas agraces, de
gradaciones enormes con nata,
como el postre que insinúan
cuando caen abatidas sobre
el capó de los coches que les
sirven de letrina, niñas en cuclillas
como leños inermes aguardan
a que se les pase la curda
mientras -cual gatos o monos-
se acicalan.

Quieren vomitar y se ayudan unas a otras.
No saben pintarse ni andar
con tacones, pero se esfuerzan.
No saben estar, pero se empecinan
en ser las amas de la fiesta. Por
eso ríen a destiempo o chillan
sin venir a cuento.

Son como bichos alados, como
abejas tenaces sobre la noche,
como tambores absurdos,
desacompasados. No sirven de nada.
Inspiran ternura y deseo pero no sirven
más que para contemplarlas.

Como aves crepitan sus extremidades
en una parrilla de charcos de orina
y músculos tensos,
tendones blancos de lindas muchachas.

Piernas incipientes de ancas de rana y licores,
pechos feraces de leche yerma,
y de huevo, y de carne muy roja
que gotea rímel y baba,
muchachas beodas crepitan
sin saberlo las madrugadas.

@MarianoGasparet 2013 Prohibido reproducir cualquier contenido de elpezlibro.com sin expresa autorización del editor.

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