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León Felipe: una carga de amargura

Por JAVIER L. MORA

Siempre esta bien recordar. Sobre todo lo bueno. No necesitamos aniversarios o efemérides, aunque ayudan a sacar de nuestra memoria lo oculto, a revivir lo adormecido, a rescatar  vivencias  y sentimientos de las brumas del olvido. El recuerdo de lo que una o muchas veces nos emocionó, enterneció, nos hizo sentir esa sacudida íntima o vigorosa, tierna o violenta, amarga o comprensiva, es un arma poderosa que como decía nuestro poeta que hoy glosamos: “…el amor tiene el ritornelo como el agua, que en nubes sube hasta el cielo y en llanto baja hasta el mar”. La eterna vuelta, el eterno soñar…

Ya habrán adivinado. Nuestro poeta es León Felipe. El sempiterno peregrino, el romero de todos los caminos, del que hace unos días se cumplieron los cuarenta y cinco años de su muerte en México, patria final suya… Él que no tenía patria, pero las sentía como propias todas. El caminante de los pequeños senderos, la compañía de los olvidados, el defensor de los vencidos, la voz de los perdedores. El poeta del grito desgarrado y desgarrador que quiere ser universal, llegar a todos. El irreverente ante todo poder, humano o divino, el ácrata sin Dios ni rumbo pero con un destino claro: Ser el estandarte de los sin voz, de los locos geniales y eternos. El desenmascarador de toda hipocresía. Desde una verdad simple, desnuda, como el quería que fuese su poesía, pura, sin artificios ni ornatos, sin rodeos ni atenuaciones que la lenificaran, so pena de malbaratarla. Descarnada, sin más retruécanos y artificios que los que la vida en su sinsentir le diera. Por más subreal que esta se mostrara:
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Poesía…
Tristeza honda y ambición del alma
¡cuándo te darás a todos!
Al príncipe y al paria,
         a todos…
sin ritmo y sin palabra!…

…Deshaced ese verso.
Quitadle los caireles de la rima,
el metro, la cadencia
y hasta la idea misma…

Aventad las palabras…
Y si después queda algo todavía
eso
será la poesía.
¿Qué importa
que la estrella
esté remota
y deshecha
la rosa?…
Aún tendremos
el brillo y el aroma.

Fue un bohemio que atrapó el alma a la libertad del ser, del hombre. Ante quien se puso a su servicio, ante el que ordenó en su peculiar desorden, su grito tenaz, su tesitura lírica alta y poderosa, su efigie de caballero desgarbado, épico y solemne, audaz, con ese punto de mística que le da el genio. El genio y su locura, la del asceta loco (como el loco egregio, su loco, el loco universal: Don Quijote), la del Ingenioso Hidalgo al que glosa sin los tópicos al uso que cantaron poetas, escritores y exégetas. Pero con matices. No hay identificación plena con los andares de Alonso Quijano. Hay respeto y maravilla. Admiración por el héroe al que en su “cuerda locura” lo lleva a ser el eterno perdedor en cien mil batallas… que acaba ganando. Al que homenajea a su paso. Paso de vencido pero, gallardo. Paso de caído y levantado, de golpeado pero no abatido. Del que no abandona ni su ideal ni su dignidad, maltrecha, mas entera. Como recrea en su conocido.

VENCIDOS
Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar…
y ahora ociosa y abollada va en el rucio la armadura,
y va ocioso el caballero, sin peto y sin espalda…
va cargado de amargura…
que allá “quedó su ventura”
en la playa de Barcino, frente al mar…
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   Va vencido el caballero de retorno a su lugar…

Una mezcla de compasión y estima, de admiración compungida, de fraternidad íntima e incomprendida la mayor de las veces por el resto. Quiere unir su suerte a la del Caballero solitario en un alarido de conmiseración por los dos, en realidad, por todos los caídos, por los sin suerte, por los afligidos de las derrotas del alma. Un grito de auxilio a la vez que de apoyo, de implicación, de hacer una la causa, la del caminante, del nómada que persigue el ideal de la justicia, del bien que es golpeado, pero nunca humillado. Quiere compartir con él el sabor amargo de la caída y del desamparo. Quiere ir con él para aunar con él el desaliento y reducirlo, aliviarlo, llevar entre los dos la carga de un destino que les une con los postergados y olvidados. Con su triste reflexión a cuestas.

…Cuantas veces Don Quijote, por esa misma llanura
en horas de desaliento así te miro pasar…
y cuantas veces te grito: Hazme un sitio en tu montura
y llévame a tu lugar;
hazme un sitio en tu montura,

caballero derrotado,
hazme un sitio en tu montura
que yo también voy cargado
              de amargura
y no puedo batallar.
Ponme a la grupa contigo,
caballero del honor,
              ponme a la grupa contigo
y llévame a ser contigo
pastor…

León Felipe, el iconoclasta genial y contradictorio, contestatario y a la vez respetuoso de una norma que le guía y le envuelve. Aquella que marca su destino y vida a lo largo de su deambulante andadura: Aquella en la que aprendió sobre el honor el amor. A la vida y a los hombres. A un género humano al que salva y que nos salva al final de tanta miseria. Es el inconformista rebelde que devuelve su rabia indiscriminada y amarga a la sociedad que le desazona. Pero lo hace con la mano tendida, esperanzada, como si a pesar de lo vivido hubiera solución. Y esta pasa por el Hombre. El poeta humilde y pesaroso, el errante andador que busca, como Diógenes buscaba: a un Hombre. Consciente de sus limitaciones, de las carencias que le atenazan, de lo poco que sabe, de lo que  le hubiera gustado aprender mejor, de todo aquello que nunca aprenderá… Pero él no tenía más escuela que la de la Vida.

Oí tocar a los grandes violinistas del mundo
Y a los grandes virtuosos
Y quedé maravillado.
Pero yo no tenía
Escuela
Ni disciplina
Ni método…
Y sin estas tres virtudes
No se puede ser Virtuoso…

…Anduve…anduve…anduve
Descalzo muchas veces,
bajo la lluvia y sin albergue…
solitario.
Y también en el carro itinerario
Más humilde de la farándula española…

Esa farándula que retrataron nuestros escritores, que dibujó magistralmente Valle-Inclán, que recorrió, como nuestro poeta la España del hambre, de los pueblos miserables, la España del atraso … y del polvo. Con el carro como en el de Divinas Palabras, donde se concentraba el dolor y la miseria. También la arrogancia. España a la que cantan, porque les duele, como a Larra le dolía de manera Inmisericorde. A esa España del dolor y la impotencia. También de la rabia y de la rebeldía.

Pero ante la barbarie sin rostro que a todos anega, se levanta iracundo, desolado y grita:

EL HACHA
Elegía Española

¿Por qué habéis dicho todos
Que en España hay dos bandos,
si aquí no hay más que polvo?
En España no hay dos bandos,
en esta tierra no hay bandos,
en esta tierra maldita no hay bandos.
No hay más que un hacha amarilla
que ha afilado el rencor.
Un hacha que cae siempre,
siempre,
siempre,
implacable y sin descanso
sobre cualquier humilde ligazón:
sobre dos plegarias que se funden,
sobre dos herramientas que se enlazan,
sobre dos manos que se estrechan…

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…/ Aquí no hay bandos,
Aquí no hay bandos,
Ni rojos
ni blancos
ni egregios
ni plebeyos
ni plebeyos…

…/España
En esta casa tuya no hay bandos.
Aquí no hay más que polvo,
polvo y un hacha antigua,
indestructible y destructora,
que se volvió y se vuelve
contra su misma carne
cuando te cercan los raposos…

Un hacha falaz y homicida que se revuelve contra sí misma, contra lo que ha sido, contra lo que es, sin dar oportunidad a ser lo que pudiera. Un hacha felona que solo reconoce su maldad, se recrea en ella.

…/ es lo que dice el hacha:
Este es el mundo del desgaje,
de la desmembración y la discordia,
de las separaciones enemigas,
de las dicotomías incesables,
del mundo del hachazo…¡mi mundo!
dejadme trabajar…

Y el hacha cae ciega,
Incansable y vengativa
sobre todo lo que se congrega
y se prolonga,
sobre la gavilla
y el manojo,
sobre la espiga
y el racimo,
sobre la flor
y la raiz,
sobre el grano
y la simiente.
aquí el hacha es la ley
y la unidad del átomo
el átomo amarillo y rencoroso
y el hacha es la que triunfa.

Mas la ira se dirige contra la estirpe maldita que dió sentido y vida al hacha. Al resultado de su tiempo pasado y presente. De las negras circunstancias que la engendraron y modelaron una raza cainita:

Español,
más pudo tu envidia
que tu honor,
y más cuidaste el hacha
que tu espada.
Tuya es el hacha, tuya.
Más tuya que tu sombra…”

Javier López Mora

Javier López Mora

A continuación surge su grito, desgarrado. En un momento, diáfano, claro y amargo. Vivo y preciso. Entre el tumulto y el desorden, entre la vocinglería que se acomete, de entre la miasma ensordecedora que a todo ataca, de entre la masa enceguecida, sale la voz de la Historia, tantas veces despreciada pero acusadora y veraz. Surge la palabra   del orate que señala la vergüenza del Rey desnudo y desenmascara a los actores de la Comedia convertida en Tragedia inmemorial:

…/ dejémonos de burlas,
no es esta la hora de la farsa.
Vámonos poco a poco
Que en los nidos de antaño
No hay pájaros de hogaño.
Yo fui loco
Y estoy cuerdo.
Nadie tiene aquí lágrimas
ni risas…
Aquí no hay más que polvo.
¡Quitaos esas máscaras!
Nuestro símbolo es este: el hacha.
Marcaos todos con la carne del costado
con un hierro encendido,
que os llegue hasta los huesos
el hacha destructora.
Todos…
El hacha es la divisa…
Tu y yo y España.
No somos mas que polvo,
Tu y yo y España
no somos mas que polvo.
Polvo,
Polvo,
Polvo…

(termina, apodíctico  y desesperanzado)

…España,
¿Por qué has de ser siempre madre de traidores
y engendrar siempre polvo rencoroso?
Si tu destino es este,
¡Que te derribe y te deshaga el hacha!

Entre el dolor, el griterío y la sinrazón, aparece el alma peregrina que abandona hastiado aquello que le es propio y vuelve a retomar a un camino que conduce a sí mismo: El camino es el sentido y el destino: sin Patria, familia o religión: Lacerado pero libre.

SOY UN VAGABUNDO
…/ Yo soy un vagabundo,
Yo no soy mas que un vagabundo, sin ciudad, sin decálogo                                                                              y sin tribu.
Y mi éxodo ya es viejo.
En mis ropas duerme el polvo de todos los caminos
y el sudor de muchas agonías.
Hay saín en la cinta de mi sombrero,
Mi bastón se ha doblado
Y en la suela de mi zapato llevo sangre, llanto y tierra de
muchos cementerios…

Y le envuelve la sombra, le engulle y se deja para olvidar tanta aflicción. Para no olvidar. Porque no puede. La sombra, compañera de infortunio y aliada en su escondite. La sombra le ampara en su desaliento. Quiere huir. Desea respuestas, pero se halla inexorablemente con la sombra.

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¡QUE HABLE OTRA VEZ!

…¡Todas las manos en un ariete solo
para derribar la noche,
para rasgar el silencio,
para echar de nosotros la sombra…

En la Espada de Ganarás la Luz, se reencuentra con Dios, tantas veces perdido, ausente, indiferente e impertérrito ante el mal.

En el principio creó Dios la luz… y la sombra.
Dijo Dios: Haya luz.
Y hubo luz.
Y vio que la luz era buena.
Pero la sombra estaba allí.
Y entonces creó al hombre.
Y le dio la espada del llanto para matar la sombra…

¿Y NO VALE ESTE LLANTO?

También vale este llanto,
también vale este dinero…
…También estas son lágrimas que cuentan
las que no se vertieron
las que nunca salieron de los ojos
o si salieron
ni se contaron
ni se vieron.
Las que cayeron en la sombra…

Y se enfrenta a la muerte. Resueltamente. La muerte que le rodea, como una constante inexorable, presente antes de un tiempo lógico, cuando toda lógica ha sido ya desterrada. Solo queda la razón del hombre, la suya. La de su propia muerte. Así, la interpela sin acritud, pero con la decencia del último superviviente:

…¡Eh, muerte,…escucha!
Yo soy el último que hablo:
el miedo y la ceguera de los hombres
han llenado de viento tu cráneo,
han henchido de orgullo tus huesos
y hasta el trono de un dios te han levantado.

Y eres necia y altiva
como un dictador totalitario…

Harto de todo, descreído, atestado del asco que le producen las mentiras que le han forjado: la vida, la historia, los otros a lo largo del tiempo. Se rebela nuevamente, rechaza lo visto, contado y vivido: el rencor, la miseria, las soledades, las palabras.
Las palabras repetidas, vacías, las tradiciones huecas al servicio de ideas paganas, repetidas hasta la náusea. Dice basta, quiere una señal… Algo que transforme la realidad y lo aprendido. Que le dé sentido y rompa con lo conocido, con lo anterior. Un signo de esperanza que rescate a la humanidad, que sublime la opresión, que reivindique la bondad, la entereza, la fe en la vida sin ataduras, sin falsos dioses, sin cadenas ni religiones. Algo que ponga todo en tela de juicio. Un signo que nos libere y de por válido lo que fue y lo que nos queda por vivir. En palabras de Juan Larrea: “…lo que nos metamorfosee de gusano en un ser alado, en una figura celestial, y transformado en mariposa, se mueva ya libremente en el cielo.”

León Felipe quiere un signo que nos devuelva a nuestra condición de hombres perdida, que nos retorne la esperanza abandonada, recupere nuestra alegría y destruya lo que aprendimos. Un signo liberador y aniquilador que nos haga empezar de cero. No quiere palabras, cuentos, historias que han marcado la vida y nos han hecho como somos: mezquinos, mentirosos, insolidarios, egoístas, sordos, mudos, ciegos. Humanos, en suma. Reivindica el ser. No lo que fuimos.¡Que Viva el hombre!. La contradicción permanente, la angustia, el miedo, el llanto tantas veces reflejado, la mentira, la fábula, pero también el honor a la palabra, a una causa, la nobleza y la entrega a un ideal que nos lleva a ser mejores y perderlo todo por el hecho de ser …hombres. Pero… Basta de  palabras… quiere más: hechos, no razones ni engaños, ni matices ni requiebros. Verdad desnuda. Sin cuentos. Fuera Cuentos castrantes que han cercenado una vida libre. La ocultaron. Cuando no, la hicieron imposible.

NO ME CONTÉIS MAS CUENTOS
Ya se han contado todos.
Todos se han dicho y todos se han escrito…
Y todos se han ovillado y archivado.
Los ha contado el viejo patriarca,
los ha contado el coro y la nodriza
los ha dicho un idiota lleno de estrépito y de furia,
se han quebrado en la ventana y en la rueda…

…/… Todos se han registrado
Y todos están vivos todavía. Ahí pasa el pregonero:
¡Cuentos!…¡Cuentos!…¡Cuentos!…
Es aquel viejo vendedor de sombras y risas.
Que ahora pregona cuentos.
Pero yo no quiero cuentos…
No me contéis más cuentos.

Porque quiere que caigan los disfraces, los trampantojos, las férulas y los apósitos, los espantajos, las máscaras reveladas en palabras de oquedad, los vendedores de recuerdos falsos y voces impostadas. No narreis más en el vacío: ¡Haced algo bueno!. Nuestro autor ya sabe todos los cuentos.

SE TODOS LOS CUENTOS
Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan solo lo que he visto.
Y he visto:
Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos.
Y sé todos los cuentos.

Nos mintieron. Adormecieron nuestra existencia enhebrando historias con las que entretenernos. Tejiendo embustes, narcotizando las conciencias, rodeándonos con palabras vanas, ocultándonos los hechos, repitiendo los viejos mantras, escondiéndo las verdades, remedando con fingida dignidad la realidad inevitable, impostando la voz, interpretando la verdad con disfraces, disimulos, encubrimientos, hilando mentiras para tapar mentiras, banalidades, contándonos cuentos. ¡Basta por siempre de cuentos! Quiere un sueño, un ideal, una estrella a la que seguir.

CONTADME UN SUEÑO

Me durmieron con un cuento…
Y me he despertado con un sueño.
Voy a contar un sueño, narradores de cuentos.
Voy a contar mi sueño.
Es un sueño sin lazos,
sin espejos,
sin anillos,
sin redes,
sin trampas y sin miedo.

Cuál es su sueño, cuál el ideal buscado. Su santo grial, su unicornio azul, su vellocino. No es solo el amor. El halo mágico que nos reencuentra con lo bueno del hombre y le rescata de la infamia. El sueño es el querer. El sueño que persiguen sus mitos. Su Alonso Quijano. El Quijote que llevamos dentro.

OÍD
Soñé… ¡Sueño!
No soy un cuento.
Vengo de más lejos…
Soy y vengo del sueño.
Y digo que soñar es querer, querer, querer…
Querer escaparse del espejo,
querer desenvolverse del ovillo,
querer descoyuntarse de la dulce rosquilla de los cuentos
querer desenvolverse…prolongarse.
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Soñar es decir 4 veces,
44 veces,
O 4.444 veces, por ejemplo:
Yo no quiero,
Yo no quiero,
Yo no quiero,
Yo no quiero,
verme en el tiempo
ni en la tierra
ni en el agua sujeto…
quiero verme en el viento,
quiero verme en el viento,
quiero verme en el viento
quiero verme en el  viento…

Es lo que quiere. Un deseo obsesivo, reiterante. Queriendo conjurar sus miedos, sus sombras, sus recuerdos. Y todos los cuentos que le fueron contados. Quiere
                

QUIERO… SUEÑO
No me contéis más cuentos,
Que vengo de muy lejos
Y sé todos los cuentos.
Contad
Y recontadme este sueño.
Romped,
Rompedme los espejos.
Deshacedme los estanques,
los lazos,
los anillos,
las cercas,
las redes,
las trampas
y todos los caminos paralelos.
Que no quiero,
que no quiero
que no quiero
que no quiero que me arrullen con cuentos;

…que no quiero que me sellen la boca y los ojos con cuentos;

…que no quiero que me entierren con cuentos;

…que no quiero verme clavado en el tiempo,
que no quiero verme en el agua,
que no quiero verme en la tierra tampoco,
que no quiero verme en su ovillo como un hilo de baba sujeto.
Quiero verme en el viento,
Quiero verme en el viento…

…Quiero… ¡Quiero! ¡Sueño!… ¡Sueño!
Soy un gusano que sueña y sueño
Verme un día volando en el viento.

¡Qué sutil colofón!, ¡qué dulce final a tanta amargura! ¡A tan burda farsa! Asume su condición de simple espora, casi. Un gusano. Fuera de ataduras, pernos ni sujeciones.
Solo viento. Envolturas aéreas que le trasladen a la Libertad. A la Libertad con mayúsculas, no a ese remedo cuyo nombre fue mancillado por el hombre.
A una libertad ansiada, tantas veces avasallada, siempre anhelada, esquiva y deseada por el género humano. Sin embargo, la sigue en un devenir vano y sufrido. Un concepto de libertad que quiere cambiar por la libertad aherrojada por los hombres y sus miserias.
Para apuntalarlo y previendo el destino al que el tiempo y su sino cansado le llevan, se confiesa ante todos y ante sí mismo. Sobre todo, ante Dios. Al Dios que no encontraba, al Dios que sintió ajeno, despegado, absorto. Se confiesa con un resumen sencillo de vida, en un postrero desaliento, con un epílogo resignado en sus Cuatro Poemas con Epígrafe y Colofón.

CREDO
Aquí estoy…
En este mundo todavía…Viejo y cansado…Esperando a que

                                                     me llamen…
Muchas veces he querido escaparme por la puerta maldita

                                                     y condenada
y siempre un ángel invisible me ha tocado en el hombro y
                                                        :me ha dicho severo
No, no es la hora todavía…hay que esperar…
Y aquí estoy esperando…
con el mismo traje viejo de ayer,
haciendo recuentos y memoria,
haciendo examen de conciencia,
escudriñando agudamente mi vida…
¡Que desastre!…¡Ni un talento!…Todo lo perdí.
Solo mis ojos aún saben llorar. Esto es lo que me queda…
Y mi esperanza se levanta para decir acongojada:
Otra vez lo haré mejor, Señor,
porque…¿no es cierto que volvemos a nacer?
¿No es cierto que de alguna manera volvemos a nacer?
Creo que Dios nos da siempre otra vida,
otras vidas nuevas,
otros cuerpos con otras herramientas,
con otros instrumentos…Otras cajas sonoras
donde el alma inmortal y viajera se mueva mejor
para ir corrigiendo lentamente,
muy lentamente, al través de los siglos,
nuestros viejos pecados
nuestros tercos pecados…

…Ni el infierno…ni el fuego y el dolor son eternos.
Solo la Luz brilla sin tregua,
diamantina,
infinita,
misericordiosa,
perdurable por los siglos de los siglos…
Ahí está siempre con sus divinos atributos.
Solo mis ojos hoy son capaces de verla…
estos pobres ojos que no saben aún más que llorar.

Asume su final como su vida ha sido dolida, sufriente con la esperanza puesta en otra diferente. En la mano que buscó, como tantas cosas, sin hallarla. Y que ahora en el postrer aliento se le revela como ineludible. Implora el reposo ahora perseguido, como antes buscaba un sigo. Como buscó la Luz. Esa Luz buscada antaño y que ahora cambiando su significado…o mejor, encontrándolo, se busca en el final.

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COLOFÓN
Luz…
Cuando mis lágrimas te alcancen
la función de mis ojos
ya no será llorar,
sino ver.

Ver el signo por el que daba su vida. Hallar lo buscado. Perseguir la luz. Perseguir ese sueño imposible, como su errante caballero lo seguía, contra todo, contra la razón impuesta, contra lo establecido, contra la tradición. En un eterno brindis a la locura. …Contra un imbatible enemigo, soportar la insoportable pena. Amar desde lejos, luchar por la verdad, sin duda y sin pausa… Seguir a esa estrella. No importa no tener esperanza, no importa que tan lejos esté… Como dice esa magnífica letra del Hombre de la Mancha, en su canción Un sueño imposible, que a buen seguro León Felipe, hubiera suscrito para su errabundo héroe.
Al rendir cuentas, reclama su derecho al descanso. Lo Suplica! Con humildad, en la paz del que dice su plegaria, su rezo por todos. Quiere dormir en  paz, en la profundidad que nunca tuvo, con la conciencia del que hizo las cosas que debía como mejor supo. Soñar de nuevo… Con la ilusión postrera de quizás, tener otra oportunidad. ¿Quién sabe?

¡SOÑAR, SEÑOR, SOÑAR!
Ya he dicho mi oración… Ahora quiero dormir…
Dejadme dormir…hazme dormir, Señor.
¡Hace tanto tiempo que no  duermo!
Siempre me quedo amodorrado, dormitando
A la puerta cerrada del Sueño.
¡Oh la profunda gloria de dormir!…
¡Quiero dormir pro-fun-da-men-te!
¡Dormir! 
…¡Dormir!…¡Soñar!Quiero soñar…
Hazme soñar…¡Soñar, Señor.soñar!…
¡Hace tanto tiempo que no sueño!
¡Señor hazme otra vez soñar que soy el viento.
El viento bajo la Luz,
el viento traspasado por la Luz.,
el viento deshecho por la Luz,
el viento fundido por la Luz,
el viento…hecho Luz…
Señor, hazme soñar que soy la Luz…
que soy Tú mismo, parte de ti mismo…
y guárdame, guárdame dormido,
soñando, eternamente soñando
que soy un rayito de Luz de Tu costado.

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Reencontrado con Dios, ese Dios al que persiguió para solicitarle, exigirle las respuestas que no encontraba, ese Dios al que olvidó porque le olvidó, al Supremo Hacedor al que entendía ausente, desvaído, difuminado, sin atender a su creación. Sin embargo, parece reconciliarse con Él. Quizás en su final. Pero al que no le pide más que el descanso que no tuvo en su destino. Pero faltaba algo. Después de la denuncia y el desgarro. De la acusación y el desprecio, quedaba la reconcialición. La paz de su conciencia después de un caminar de sin sabores, un último acto de entrega y muestra de una mano cansada pero tendida a borrar el rencor, el odio, el desprecio y la ruindad que observó en las miradas. A olvidar el vituperio y la vileza. A atajar la maldad, siquiera al caer el telón.
Pedir Perdón, eliminar las ofensas infligidas. Y hacerlo modestamente, como fue su vida. Como fue su conducta, como fue su obra. Pedirlo al hombre, a un hombre humilde donde se reflejaba la vuelta al inicio. A los sin nada, en un postrero homenaje a la ventura de la sencillez que marcó su vida. A los mendigos, a los desposeídos. Como un último acto de cristiana entrega de todo. Antes que el olvido entierre los recuerdos, antes de emitir el final aliento.

                                  

¡PERDÓN!
¡Soy ya tan viejo.
Y se ha muerto tanta gente a la que yo he ofendido
y ya no puedo encontrarla para pedirla perdón!
Ya no puedo hacer otra cosa
que arrodillarme ante el primer mendigo
y besarle la mano.
Yo no he sido bueno…
Quisiera haber sido mejor.
Estoy hecho de barro
que no está bien cocido todavía.
¡Tenía que pedir perdón a tanta gente!
Pero todos se han muerto.
¿A quién le pido perdón ya?…
¿A ese mendigo?
¿No hay nadie más en España
en el mundo
a quién yo deba pedirle perdón?…
Voy perdiendo la memoria
y olvidando todas la palabras…
Ya no recuerdo bien…
Voy olvidando… olvidando… olvidando…

Las palabras se me vaN
Como palomas de un palomar desahuciado y viejo
y solo quiero que la última paloma,
la última palabra, pegadiza y terca,
que recuerde al morir sea esta: Perdón.

El perdón como una fortaleza invulnerable en la que encerrar su alma cansada de ver, sentir y vagar. Como el peregrino que fue, como el Romero de una travesía inacabada por que es inacabable. Como el caminante infatigable que se dio a todos porque no era de ninguno. Porque solo pasaba una vez, una vez solo y ligero…Como Machado, de equipaje en el alma y en el cuerpo.

ROMERO SÓLO
Ser en la vida
romero
romero solo que cruza
siempre por caminos nuevos;
ser en la vida
romero,
sin más oficio, sin otro nombre
y sin pueblo…
ser en la vida
romero… romero… sólo romero.
Que no hagan callo las cosas
ni en el alma ni en el cuerpo…
pasar por todo una vez,
una vez sólo y ligero, ligero, siempre ligero…

También retoma su canto a la locura, a los locos creadores, al loco egregio que nos dejó en la aberrante y esteril cordura. Con su ausencia, la del brillante loco universal, nos privó de saborear el genio que no supimos apreciar mientras lo teníamos,… como tantas cosas. Se acabaron los locos. Nos queda su recuerdo destelleante y febril. Nos deja con la orfandad de lo previsible.

YA NO HAY LOCOS
Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos. Se murió aquel
manchego, aquel estrafalario fantasma del desierto y…Vni en
España hay locos. Todo el mundo esta cuerdo, terrible,
monstruosamente cuerdo…

La locura y el fracaso como lo arquetípico del alma española que se retrata en sus locos irredentos, en sus orates maravillosos. Que demuestran su genio y su cordura con más profusión, certeza y bondad a las razones por las que se redime el mundo que aquellos circunspectos a los que despreció porque con la frialdad y la distancia a la nobleza de los hombres no se construyen las causas que dan sentido a la vida.

EL PAYASO DE LAS BOFETADAS
Lo sustantivo del español es la locura y la derrota…
Y Don Quijote está loco, y vencido… desterrado además…
Y con unos sueños monstruosos…
Pero… Don Quijote… ¿esta loco y vencido?
¿No es un héroe?
¿No es un poeta prometéico?
¿No es un redentor?
Silencio! ¿Quién ha dicho que sea un redentor?
Está loco y vencido y por ahora no es mÁs que un
clown… un payaso…
Claro que todos los redentores del mundo han sido
locos y derrotados.
…Y payasos antes de convertirse en dioses. También
Cristo fue un payaso. Los que le abofetearon siempre…
Pero Don Quijote no es más que un clown. El gran payaso ibérico de las bofetadas. También la pirueta grotesca y funambúlica es española. Don Quijote es el clown por antonomasia….

Un poeta soñador y eterno que nos legó una canción reflexiva, amarga y también eterna.

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