logo image

Los perros 1

Por Mariano Gasparet

Hay gente con hambre de lebreles en batida,
personas que frecuentan los aseos y pierden
a menudo su dinero y su familia.
Hombres que olvidan su casa y sus dientes
mientras hacen de sus costumbres la broma
de los otros.

Son tipos que viven sobre la palabra
chusma, sobre la palabra. Personas
que no entienden las meriendas
ni se entretienen con las tómbolas,
que no comprenden el eco azul de los billares
que les sirven de refugio
–porque solo buscan un refugio–
y aborrecen el silencio que acomoda
su espalda sobre un saco, que pone
su nombre a los bancos de los setos.

A veces los chicos convidan cuando ganan
y aceran los tacos. Ellos sin embargo afilan
una rama o el marco de una puerta
batiente a sueños vampíricos.

Se entregan a la inmolación del vicio
y a la expiación del arrepentimiento
y gritan o besan a sus hijos cuando beben
y están arrepentidos.

Pero no son inocentes ni lo pretenden.
No quieren una fiesta de cumpleaños
y rehúsan la ropa usada aunque
no le hacen ascos al dinero.

Francis Bacon

Francis Bacon

¿Para qué y cómo aliviarse
con obsequios de la inmensidad
de esta tristeza si hace años
que duermen ovillados junto al miedo
sin medir la desolación de su costumbre
o el pozo que procura la altura de
su sombra? Su sorpresa sostenida
en el tiempo es una exclamación
para el hastío o una frontera
porosa donde germina el desistimiento.
De dónde y para qué la capacidad
de hartazgo.

Un día les gustaron los galgos, el fútbol
o las chicas, quizá un poco.
Pero donde todo el mundo advertía
la emoción de una apuesta, ellos
adoraban las extremidades de los perros.

Donde una mujer decía te quiero e imprimía
a la acera una luz de hembra joven,
por ejemplo,
ellos intuían el dolor de una pérdida.
Siempre fue mejor el vapor de la ginebra
al simulacro de ternura que conduce
el amor hacia su ocaso.

Es el abandono el mecano de su hálito.
No son nihilistas pero admiten la secuela
de una educación sentimental equivocada.

Un rastro de viruela alumbró el brazo
de sus madres una tarde que fregaban
y quedaron atónitos al comprobar
su naturaleza de reses cercadas.

¿Pero los restos de comida succionados
y la presión del agua sobre los platos
eran arneses o raíces? Quién sabe.

Son imperfectos porque sospechan
sabores vivificantes en sus peores
costumbres y se entregan a la luz
de los portales de los bares.

F. Bacon por John Deakin, Vogue, 1962

F. Bacon por John Deakin, Vogue, 1962

Saben que hay olores y avideces para el pecado
pero no para la proclamación de la libertad
frente a una creación concebida sin acuerdo.
E insisten.

Son argonautas bebidos que persiguen
hasta el último billete el canto en Re mayor
de las sirenas en su nido de olas,
de las sirenas que tejen un sudario
a los náufragos.

Son perros temerosos del cinto de los hombres.
Criaturas que respiran a la espera de
una paz que aguarda.

© MarianoGasparet 2013. Prohibido reproducir cualquier contenido de elpezlibro.com sin expresa autorización del editor.

Deje su comentario