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Miguel cuenta muertos

Miguel alumbra una cuadra o un pecio,
un tálamo o un techo. A veces
me llama y me cuenta algún muerto.

Se fue Isabel, dice, ya quedan menos.
Y con sus ojos de lobo y tabaco viejo
señala una lumbre prendida de cieno.

Éramos tan jóvenes, Micke,
tan vulnerables, que nunca
entendimos las fauces del tiempo.

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Te avergüenzas Miguel porque no seguiste
a mi padre en su último entierro.
¿Te acuerdas, Miguel,
tú en pantalones cortos y yo
a la cabeza de un duelo? ¡Menuda
enseñanza los labios de un muerto!

Luego fuimos a destajo,
educados, correctos,
cervezas, paredes, bares,
amantes y amigos nuevos
que toman descalzos montañas de hielo.

Nos entendemos sin palabras, Micke,
como hambrientos funámbulos
a una teta afanados
lechales ciegos.
¡Son los recuerdos, Miguel!
¿Qué hemos de contarnos?
¿Qué no nos hemos dicho? ¿Que hacemos
si más de lo mismo es lo nuestro?

Ya quedan menos, me dices, y lloras
y sigues a una recua perdida
de vacas y perros.

@MarianoGasparet 2013

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