logo image

Para leer una noche de tormenta

Por Jesús Segarra Sobral

(La mujer de negro, autor: Susan Hill. Profile Book, 224 páginas, 2011. Publicado por primer vez en 1983)  

Por lo general no me entusiasma el género de terror; no me asusta y sus temas y recursos me resultan muy manidos. A priori La mujer de negro adolece de las mismas limitaciones pero tres motivos me llevaron a leerlo. Principalmente la hermosa edición de Profile Book con la cubierta de Andy English, segundo la obra de teatro que vi hace muchos años y tercero la película de James Watkins que no he visto pero que en el Reino Unido ha sido un éxito de público. La trama se inspira en los temas clásicos del género.

Arthur Kipps, un joven abogado londinense, es enviado por su despacho a una parte remota del noreste de Inglaterra para asistir al funeral de una clienta, Alice Drablow, y arreglar los asuntos de la fallecida. Para llevar a cabo su cometido Mr Kipps tiene que visitar la casa donde la difunta vivió recluida más de 50 años y a la que solo se accede a través de un camino que emerge en las mareas bajas. A los lugareños les incomoda que Mr Kipps visite la casa y escarbe en el pasado, hasta el punto que se niegan a hablar del tema. Durante el sepelio al que acuden Mr Kipps, su contraparte en el pueblo Mr Jerome, el sacerdote y los enterradores aparece una misteriosa mujer de negro, esquelética, joven y con la cara consumida. Mr Jerome, que parece no haber visto a la dama, pierde la compostura a la mera mención de su presencia. Para completar su misión, Mr Kipps visita la mansión de las marismas y decide pasar allí un par de noches. Su empeño en desvelar la identidad y el misterio de la mujer de negro cambiará trágica e irrevocablemente su vida.

  image001  

La novela es un pastiche de la mejor novela gótica británica (Austen, Conan Doyle, Dickens, Brontë, Bram Stoker, Willkie Collins…) y echa mano a recursos harto conocidos: atmósfera de misterio, una parte remota del país, una casa aislada en las marismas, una anciana que vive aislada sin contacto con el mundo, un misterio sobre el que nadie quiere hablar, apariciones, tormentas, nieblas repentinas, ruidos misteriosos, pena, soledad, angustia…   Susan Hill era ya una novelista curtida cuando escribió La mujer de negro que, en mi opinión, es una obra impecable en su género. Ni la trama ni los recursos y técnicas narrativas son nuevos pero la autora los dosifica e incluye con gran sentido dramático y del ritmo narrativo. Por ejemplo, Mr Kipps no llega hasta el escenario de sus desventuras (Eel Marsh House) hasta bien avanzada la novela y el lector no puede más que compartir su impaciencia por conocer la casa maldita de la que nadie quiere dar noticia. La desolada mansión de Eel Marsh House satisface con creces la expectación generada.  

Susan Hill

Susan Hill

Fiel al género, la novela está narrada en primera persona por Mr Kipps que -como no – es un escéptico que no cree en fantasmas. La autora ha adaptado el estilo narrativo victoriano aunque puliendo sus abusos, en especial los diálogos que son escuetos y van al grano. También se ha esmerado con sus personajes que transcienden el prototipo. La trama es previsible al igual que los recursos pero están empleados con exquisita profesionalidad. En definitiva, la novela, con buena fe y en una noche adecuada, se lee de tirón y mantiene en vilo al lector, e incluso puede llegar a asustarlo.   Para mí el mayor mérito es el escenario y la escenografía. Susan Hill conoce el paisaje que describe con las pinceladas borrosas y certeras de un acuarelista. Probablemente ha tomado como referencia las dramáticas marismas de Norwich que constituyen un paisaje formidable; hermoso y desolado a la vez. El otro gran acierto es la casa: Eel Marsh House (Mansión de la Marjal de la Anguila) conectada por un estrecho camino (Paso de las Nueve Vidas) entre arenas movedizas, expuesta a los vientos y horizontes infinitos pero claustrofóbicos. Especialmente me gustó el uso del paisaje y los elementos: los vientos que barren con aullidos las marismas, la niebla, la lluvia, el frio, el silencio, el gris acero del cielo y el mar. Más allá de su valor como metonimia sobre los estados de ánimo, el uso de los elementos y el paisaje son un gran aliciente para la lectura puesto que recrean admirablemente las desoladas marismas del norte de Inglaterra.

Deje su comentario