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Iluminaciones
Busco el color del azufre, repentino / color verde del agua bajo el suelo. / Bajo el suelo de México se pudren / todavía las aguas del diluvio...
Poema III de 'El reposo del fuego', por J.E. Pacheco

Parece que estoy solo, pero llevo en / derredor un mundo de / fantasmas / de realidades enigmáticas / como el pan y la silla...
De 'Silente compañero'

"Siempre le seré fiel a George porque cuidó de mi cuando tenía los labios agrietados."
Budini, ágrafo y lírico, asistente de Muhammad Alí, sobre George Plimpton.

"Porque la soledad no alimentada con olvido es el terreno / donde crecen los abrojos del recuerdo. / Y en el recuerdo está el origen de la autodestrucción."
En 'Versos y Ortigas?, poema 6, Julio Llamazares

"las muchachas doradas / juegan con las venas como un arpa / son lentas y no cantan / a lo sumo te abrazan / mientras pierden.
'Las huidas', en 'A la sombra de las muchachas sin flor', por MVM

"El resentimiento es la flor más preciosa de la pobreza"
'El corazón es un cazador solitario', por Carson McCullers

En efecto he de plantearme aquí una cuestión ociosa: ¿Qué vale más, una dicha mediana o dolores sublimes?
Fiodor M. Dostoievski en 'Memorias del subsuelo'

Se desmaya la sombra ante la noche / y la luna florece en las alturas / como una flor de trapo transparente.../
De 'Brote desombra' en 'Memoria arrodillada', por Francisca Aguirre

La paz se ha podrido / en la entraña del mundo / como un feto malogrado / ¿Y ahora qué será de los hombres...
Poema V de 'Hay una paz que espera', por Pedro Javier Martínez

espero a la muerte / como un gato / que espera para saltar / a la cama.
De 'Poemas de la última noche de la tierra', por Charles Bukowski

Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo / quien me tira del cuerpo hacia otros cuerpos / a ser posible jóvenes: / yo persigo también el dulce amor, / el tierno amor para dormir al lado / y que alegre mi cama al despertarse, / cercano como un pájaro.
De 'Pandémica y celeste', por J.G. de Biedma.

La verdad de mi amor ahora la sé: / vencía su presencia la imperfección del hombre (...).
De 'Causa del amor', por Francisco Brines

Emigra la verdad como las aves.
De 'Instrospección', en 'Manual de Infractores', por Caballero Bonald.

Me enamoré de ti cuando llorabas / a tu novio, molido por la muerte, / y eras como la estrella del terror / que iluminaba el mundo.
De 'La Salvación', en '¿Qué se ama cuando se ama?', por Gonzalo Rojas.

Saboreo tu carne de perdiz / y mi saliva blanca se derrama / como un ungüento cálido de llama / sobre tu abierta negra cicatriz.
De Fuego en las tripas, en Música de Lobo, por C.E Ory

Cuando ante la / pútrida rosa de la / infancia arrasada / no reconoce límite / el odio.
Entrada en materia, por José Ángel Valente

Porque la soledad no alimentada con olvido es el terreno / donde crecen los abrojos del recuerdo. / Y en el recuerdo está el origen de la autodestrucción.
Versos y ortigas, Julio Llamazares

Qué otra cosa podría ver un explorador cansado / dentro de los límites de un metro cuadrado de tristeza, / sino Caminos que los limoneros acompañan, sino / Colinas (...)
Canciones I, Un explorador cansado, por Bernado Atxaga

Desollado / de su envoltura, el corazón batía / como un gallo, clavado a su latido / con el martillo de la sangre, loco. (...)
Del arte cisoria (2005), por Miguel Ángel Velasco

Nada ha cambiado / Sólo el sitio / en que mi cuerpo cae.
Unidad de lugar, por Carlos Vitale

Tenga yo un esclavo satisfecho, una esposa no muy sabia, / una noche con sueño, un día sin pleitos.
Epigrama XC, Marcial

Yo François, lo cual me pesa, / Nacido en París, junto a Pontoise, Y de la cuerda de una toesa / Sabrá mi cuello que mi culo pesa.
Cuarteto, de Las nieves de antaño, por Fraçois Villon

En el nombre de los perdidos que se glorian / las cerdiles llanuras de la carroña / bajo el peso funeral / de los pájaros del peso/ grave de los ahogados (...)
Poemas 1934-52, Dylan Thomas

Maldito sea Dios porque inventó a mi padre / colgado de una rama del olivo / poco después de recogerse la aceituna. / No puedo perdonárselo. /
Cuaderno de Nueva York, José Hierro