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El secreto de la felicidad

Por Jesus Segarra

(El hombre que plantaba árboles, Jean Giono, 1953, primera edición revista Vogue, 1954)

Hay libros que tienen la capacidad de cambiar una vida, este relato de unas pocas páginas es uno de ellos. La introducción no deja lugar a dudas de que nos encontrarnos con un texto profundo:Si uno quiere descubrir cualidades realmente excepcionales en el carácter de un ser humano, debe tener el tiempo o la oportunidad de observar su comportamiento durante varios años. Si este comportamiento no es egoísta, si está presidido por una generosidad sin límites, si es obvio que
no hay afán de recompensa, y además ha dejado una huella visible en la tierra, entonces no cabe equivocación posible.

La historia es sencilla. Un pastor analfabeto, Eleazar Bouffier, dedica gran parte de su vida en soledad a plantar árboles en una zona desertizada de La Provenza de Francia. Jean Giono, un escritor francés de origen humilde y formación autodidacta, recibió en 1953 un encargo de Reader Digest para escribir un relato sobre “la persona más memorable que hubiera conocido” y se inventó este relato sobra Bouffier que muchísimos lectores creyeron o quisieron creer verídico. El Reader Digest rechazó el relato después de comprobar que Eleazar Bouffier no existió en realidad. Giono le ofreció su relato a la revista Vogue y dejó libres los derechos del texto para que facilitar su difusión. A la postre, el relato ha acabado por ser la obra más conocida de Giono, transcendiendo con creces la fama del autor. Desde su publicación se ha difundido por todo el mundo, traducido a docenas de idiomas e inspirado a miles de personas e instituciones.

El relato es tan conmovedor que muchos lectores quisieron saber más del pastor Eleazar Bouffier y sobre de los bosques de Vergon dans le Var. Giono contribuyó durante un tiempo a la confusión hasta el punto que en una ocasión le envió a un editor alemán una foto de Bouffier. Por supuesto era falsa. Al final el autor desmintió que su personaje existiera en una carta al director del Departamento de Aguas y Bosques de Francia.

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‘Siento mucho decepcionarlo, pero Eleazar Bouffier es un personaje inventado. El objetivo de esta historia es el de hacer amar a los árboles, o con mayor precisión: hacer amar plantar árboles (lo que después de todo, es una de mis ideas más preciadas). O, si se considera por el resultado; el objetivo es obtener el mismo resultado de nuestro personaje imaginario. (…). Este es uno de los textos que he escrito de los que me siento más orgulloso, porque cumple con la función para la que fue escrito.
Dicho sea de paso, esta historia no me aporta ningún céntimo.’

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Creo que he conseguido mi objetivo de animar a la lectura del relato. Ahora voy a intentar conseguir algo mucho más difícil: explicar su exitosa influencia. Pongo solo un ejemplo de su influencia, inspirado por el relato, el indio Bhausaheb Thorat comenzó en 2006 un programa colectivo de replantación que hasta la fecha lleva plantados más de 45 millones de árboles en su país.¿De dónde emana la fuerza y poder de inspiración de El hombre que plantaba árboles? Para empezar, de la capacidad evocar de manera creíble virtudes como la paciencia, generosidad,
desinterés, tesón, transcendencia… Además, el relato es una alegoría y un canto a la esperanza del potencial del hombre para hacer el bien sin más recursos que su voluntad, ingenio y sus manos. Y finalmente, el acierto de Giono, Bouffier, Thorat y muchos otros de haber dado con una receta de la felicidad sencilla y eficaz.

No me consta que Jean Giono plantara un solo árbol en su vida pero sin duda su propósito de animar a plantar árboles y su comportamiento excepcionalmente generoso durante años respecto a los derechos de autor han resultado en un fecundo bosque de felicidad.

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