logo image

Un paisaje de sábado

Este horizonte de ventanas y ropas flamígeras es precioso.
Veo sujetas a los marcos, a los hierros, a los tendederos,
la ropa,
las banderas de las clases medias sin secadora
son sus blusas, sus suéter, sus camisas.
Las clases medias sin secadora exhiben, como todos, su parte limpia.
En cada ventana, tras cada persiana, adivino sin miedo a equivocarme
una trinchera de platos sucios, de siestas, de almohadas,
niños gritones y mujeres malhumoradas.
En esta fealdad apretada de cobalto
descansan las nubes prendidas de los cables.

A la horca de este cielo de abril de 2012,
muchos años después del pelotón de fusilamiento,
de la inocencia, del amor, del alcoholismo,
uno se pone a hacer de notario sin haber sacado oposiciones,
y hete ahí la gracia, acierto en todo.

Por ejemplo, doy fe, mi nombre es Macanor y vivo en un valle de persianas y aspilleras, Salamanca puerta 13. A la diestra, un crucifijo de féretro que el mejor hombre del mundo fue a venderle a los gitanos.

(“¡¡Fuera, fuera, eso es de un muerto!!”, se reía luego)

A la siniestra, dos púgiles luchan una pelea irresoluta
en claroscuro sobre un luto de 31 pulgadas: un abrevadero grande para
mulos enorme que llegan agotados a casa…

Entonces escribo mi diario. Por ejemplo, soy Macanor y ayer fui a un cumpleaños con Dani,
que enloqueció contaminado de inocencia. Habíamos comido con mi hermano
en una sidrería. Escanciábamos la sabiduría postrera de los perros apaleados y dóciles. Yo sé qué hacer para que no me toquen el morro, para no que no me sacudan, decíamos. Y cervezas, sidra, vino, carajillos, gintonics.
¡Tanta sabiduría domesticada en un metro cuadrado de madera,
unas sillas, un sol titubeante y bizco como mis ojos cuando contesto
como me enseñó mi amigo Álvaro:
-“¡Fenomenal!”.
¿Cómo estás?
-“Joder, fenomenal!

Dios, ayúdame o déjame en paz

Dios, ayúdame o déjame en paz

Ahora me acuerdo mientras reviso estos objetos al azar:
un vaso colmado de hielos, una Pepsi, mi ordenador,
mis pestañas como hiedras voraces, mis facturas de ayer,
El Llagar del abuelo, 80 euros.
Pub Estrella Distante, 80 euros.
Y si me fijo, en la columna, absurdamente constreñida al
pandeoro, una mujer rubia vestida de blanco
mira hacia la izquierda y revisa mi cuaderno:

-¡¡¡Hijo mío, no bebas tanto!!!

-“¡Chet Baker, mamá, Chet Baker!”, digo para disimular.

Y reparo en la trompeta de Chet Baker antes de la paliza,
antes de ser un bendito yonqui mellado de una paliza,
y cambio de asunto, por ejemplo, digo,
mi felicidad tan enorme, este terrenito donde celebrar
barbacoas, cumpleaños, graduaciones, es vuestro también!

¿Recuerdas El almuerzo desnudo, invitaba William Burroughs?
No dejaste ni las migas y olvidaste tu frugalidad.

¡Qué bonito es este mar que se cierne sobre mi ventana,
este mar que sacude mi alcoba, que juega a los dados con mi alcoba
y trastoca la luz y convierte los muebles en perros guardianes,
perros alanos hacen presa obcecados en mis pies, mis rodillas,
mis tobillos, los huesos de mis manos!

¡Qué bonito es este mar que extiende mi sombra como sábana
amplia de habitación doble, que cierne este océano oscuro
sobre mi casa, es precioso, porque ilumina de negro este sábado
y me hace reflexionar con seriedad sobre la vida
que abarca este horizonte de pequeñas luciérnagas
ahora, que puedo decir es de noche!

Comentarios cerrados.